Hay un punto en la sierra de la Huasteca Potosina donde la selva se traga el horizonte y, entre la espesura, aparecen columnas de concreto cubiertas de musgo, escalinatas que ascienden sin destino y puertas que se abren hacia la copa de los árboles.

Es Las Pozas, el jardín surrealista que el aristócrata y mecenas británico Edward James construyó a lo largo de 22 años en las inmediaciones de Xilitla, San Luis Potosí.

Distribuido en 37 hectáreas de terreno selvático, el sitio alberga 36 esculturas monumentales y se ha posicionado como uno de los destinos más enigmáticos de México.

La historia de Las Pozas comienza lejos de la Huasteca. Edward James nació en 1907 en West Dean, Inglaterra, heredero de una fortuna vinculada a la industria maderera estadounidense.

Desde joven financió a figuras como Salvador Dalí, René Magritte y Leonora Carrington, y dedicó buena parte de su vida a coleccionar arte surrealista. En la década de 1940 conoció a Plutarco Gastélum, un telegrafista de Xilitla que se convirtió en su guía, colaborador y administrador del proyecto que cambiaría para siempre la fisonomía de aquel rincón serrano. James llegó atraído por la biodiversidad del lugar, donde estableció un vivero con miles de orquídeas que una helada devastó en 1962.

Aquella pérdida fue el detonante. Si la naturaleza podía destruir lo vivo, James construiría algo que la selva no pudiera arrebatarle. Entre 1962 y 1984 invirtió —según estimaciones del Fondo Xilitla— más de cinco millones de dólares en levantar estructuras de concreto armado y acero que imitaban formas vegetales: tallos de bambú de ocho metros de altura, flores de loto petrificadas, escaleras en espiral que no conducen a ninguna habitación.

Empleó a decenas de artesanos y albañiles de la región, muchos de los cuales trabajaron sin planos formales, guiados únicamente por maquetas de madera y las instrucciones del propio James.

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Más de 200 mil visitantes al año recorren las 36 esculturas monumentales que el Fondo Xilitla conserva desde 2007.

36 esculturas entre cascadas y neblina en Las Pozas de Xilitla

El recorrido por el jardín surrealista de Edward James no sigue un orden preestablecido. No hay señalización rígida ni ruta obligatoria. El visitante se adentra por senderos de tierra flanqueados por helechos arborescentes, bromelias y orquídeas silvestres hasta que las primeras estructuras aparecen entre la vegetación.

“El Palacio de los Bambúes”, una de las piezas más reconocibles, presenta columnas estriadas que replican tallos de bambú a una escala monumental. Más adelante, “La Escalera al Cielo” asciende en espiral hasta detenerse abruptamente contra el dosel selvático, sin techo ni plataforma, como una invitación a seguir subiendo con la mirada.

Entre las esculturas corren arroyos que alimentan pozas naturales de agua cristalina, algunas con caídas de varios metros que forman cascadas donde es posible nadar. La más conocida, llamada “El Chapitel”, ofrece un estanque rodeado de muros de concreto y vegetación densa que genera una atmósfera de recinto oculto.

La neblina, presente buena parte del año por la altitud superior a los 600 metros sobre el nivel del mar, envuelve las estructuras y difumina los contornos hasta hacer difícil distinguir dónde termina la obra humana y dónde comienza la selva.

Cada escultura responde a una lógica onírica, no funcional. Las puertas no cierran. Las ventanas no enmarcan vistas calculadas. Los techos están perforados para que la lluvia entre y la vegetación colonice el concreto. James diseñó el jardín como un organismo vivo, destinado a ser devorado lentamente por el entorno que lo rodea.

Cuatro décadas después de la última estructura levantada, las raíces de los árboles se entrelazan con los cimientos, los musgos cubren las escalinatas y las bromelias brotan entre las grietas como si la selva estuviera reclamando lo que siempre fue suyo.

Edward James murió en 1984 en San Remo, Italia, el mismo año en que colocó la última pieza de su jardín. Tras décadas de administración familiar, en 2007 el Fondo Xilitla —una asociación civil presidida por la familia Gastélum— adquirió la propiedad y asumió las tareas de conservación, restauración y apertura al público.

Desde entonces, el flujo de visitantes no ha dejado de crecer: la oficina de turismo municipal estima que Xilitla recibe más de 200 mil turistas al año, muchos de ellos atraídos específicamente por Las Pozas.

Cómo visitar el jardín surrealista de Xilitla

El jardín abre todos los días de 9:00 a 18:00 horas. El acceso general tiene un costo aproximado de 100 pesos por persona, con tarifas reducidas para estudiantes, adultos mayores y residentes del municipio.

Recorrer las 36 esculturas toma entre dos y tres horas a paso tranquilo, aunque el terreno exige calzado adecuado: los senderos son irregulares, las pendientes pronunciadas y la humedad constante mantiene las superficies resbaladizas.

Para quienes buscan privacidad, el Fondo Xilitla ofrece la experiencia “Edén en el Jardín”, una visita exclusiva con atención personalizada que permite recorrer el espacio sin compartirlo con otros grupos.

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Más de 200 mil visitantes al año recorren las 36 esculturas monumentales que el Fondo Xilitla conserva desde 2007.

También es posible contratar sesiones fotográficas profesionales dentro del recinto, aprovechando la luz que se filtra entre el follaje y los escenarios donde concreto y naturaleza se confunden. La mejor temporada para visitar va de noviembre a marzo, cuando las lluvias disminuyen, aunque la neblina —que aporta el efecto más distintivo al paisaje— permanece casi todo el año.

¿Cómo llegar a Las Pozas desde el centro del país?

Desde Querétaro, la ruta más directa cubre aproximadamente cinco horas por la autopista 57 hacia San Luis Potosí y después por la carretera federal 85 rumbo a Ciudad Valles, con desvío a Xilitla.

Una alternativa más larga pero escénicamente superior cruza la Sierra Gorda queretana vía Jalpan de Serra, sumando cañones de piedra caliza y bosques de niebla al trayecto. Desde Ciudad de México, el recorrido toma entre seis y siete horas por la autopista México-Querétaro con conexión hacia San Luis Potosí.

En Xilitla, las opciones de hospedaje van desde posadas familiares en el centro del pueblo hasta El Castillo, la antigua residencia que Edward James construyó junto al jardín y que hoy funciona como hotel boutique administrado por el Fondo Xilitla.

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Más de 200 mil visitantes al año recorren las 36 esculturas monumentales que el Fondo Xilitla conserva desde 2007.

La zona también ofrece recorridos complementarios: el Sótano de las Golondrinas —un abismo vertical de 512 metros ubicado a hora y media de distancia—, las cascadas de Tamul y la cueva de Puente de Dios enriquecen cualquier itinerario por la Huasteca Potosina.

Quienes planeen su visita pueden consultar horarios actualizados, tarifas y disponibilidad de experiencias privadas en las plataformas oficiales del Fondo Xilitla.

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