Las calles comienzan a llenarse de espíritu navideño con adornos, luces en los escaparates y el aroma inconfundible de los dulces tradicionales que anuncian la llegada de la temporada más esperada del año.
Entre los preparativos que definen estas fechas, un protagonista indiscutible vuelve a ocupar el centro de la mesa: el bacalao, ese pescado de origen nórdico que los antiguos vikingos secaban al aire libre en las costas del Ártico y que, tras cruzar el Atlántico en los barcos europeos del siglo XVI, se arraigó profundamente en la gastronomía mexicana hasta convertirse en símbolo de las celebraciones decembrinas.
Un alimento con historia milenaria
El bacalao tal como lo conocemos hoy nació de una tradición centenaria. Los pueblos vikingos descubrieron que al colgar el pescado al aire libre para dejarlo secar con el frío ártico obtenían un alimento ligero, delicioso y resistente al paso del tiempo.
Ese proceso de conservación convirtió al bacalao en un producto indispensable para los navegantes por ser fácil de transportar, duradero y sorprendentemente nutritivo.
Con el paso de los siglos, este método arraigó en países nórdicos, particularmente en Noruega, reconocido actualmente como el principal origen de este producto que sigue viajando por el mundo hasta llegar a las mesas navideñas de México y otros países con tradición católica.
Nutrientes difíciles de encontrar
A nivel nutricional, el bacalao destaca como uno de los alimentos más completos por contener tres nutrientes relevantes que difícilmente se encuentran en otros productos de manera natural: vitamina D, selenio y omega 3.
A pesar de ser un pescado magro con muy poca grasa, los ácidos grasos omega 3 son abundantes en su composición. Con una porción de 200 gramos se cubre el 80 por ciento de la cantidad diaria necesaria de estas grasas que ayudan considerablemente a la protección del corazón y el sistema cardiovascular.
El bacalao seco, como consecuencia de la extracción del agua, tiene un contenido nutricional más concentrado que el pescado fresco y es rico en proteínas y vitaminas A y D, especialmente importantes durante el invierno.
Más allá de la receta vizcaína
Adicional a la tradicional preparación a la vizcaína con jitomate, almendras, aceitunas y chiles güeros, el bacalao puede consumirse en un sinfín de presentaciones.
Los cocineros mexicanos lo han convertido en protagonista de platillos frescos, recetas tradicionales e incluso innovaciones contemporáneas como mole de bacalao o tamales rellenos de este pescado, versiones que garantizan calidad nutricional superior en comparación con otros tipos de carne.
Dependiendo de la receta a preparar, es posible elegir entre una gran variedad de presentaciones disponibles en supermercados: fresco, salado, ahumado o congelado. También se consigue entero, en piezas, en lomos, desmigado o en filetes.
Tradición que une generaciones
No importa si la preparación forma parte de la cena navideña o se disfruta al día siguiente en una torta con el recalentado característico de las fiestas mexicanas.
El bacalao posee una historia y tradición milenaria que lo han convertido en un platillo ya considerado tradicional mexicano, presente en los momentos más importantes de reunión familiar durante las celebraciones de fin de año.























